Ayuda a la Familia de Majed
Me llamo Majed Ahmed Abu Mustafa. Soy padre de seis hijos y vivo con mi familia en la Franja de Gaza bajo unas condiciones humanitarias extremadamente duras que jamás imaginamos tener que vivir.
Desde el 7 de octubre, nuestra vida cambió por completo. Ya no tenemos un hogar estable, ni una vida segura, ni siquiera una mínima sensación de tranquilidad. Hemos pasado de un desplazamiento a otro, buscando únicamente proteger a nuestros hijos y mantenernos con vida.
La historia de Majed y su familia.
Llevo veintiún años casado, y mi familia es todo lo que tengo en esta vida. Mi esposa se llama Fida Yahya Abu Mustafa y nuestros hijos son:
Imad (21 años), Ahmed (20 años), Moeen (17 años), Yazan (14 años), Yamen (12 años) y nuestra hija pequeña Mirna (7 años).
Hemos vivido en escuelas y centros de refugio de la UNRWA, en condiciones muy difíciles, sin acceso a los elementos más básicos para una vida digna. Cada día se ha convertido en una lucha constante por encontrar seguridad, comida, agua y estabilidad.
Nuestra vida
Mis hijos han sido privados de sus derechos más básicos: la seguridad, una educación estable, el bienestar psicológico e incluso la posibilidad de vivir una infancia normal.
Mi hija pequeña, Mirna, vive con miedo constante a los sonidos de los bombardeos. Mis hijos mayores cargan con la preocupación por el futuro y la incertidumbre de no saber qué será de sus vidas.
Tengo dos hijos estudiando en la universidad, y siempre soñé con verlos completar sus estudios y construir un futuro mejor. Pero las circunstancias actuales han hecho imposible cubrir los gastos de educación y las necesidades diarias, especialmente debido a la falta de trabajo y a la enorme dificultad para conseguir lo más básico para sobrevivir.
Lo que esperamos
No pedimos lujo ni una vida cómoda. Todo lo que deseamos es una oportunidad para vivir con dignidad y poder proporcionar comida, medicinas, educación y seguridad a nuestros hijos, agotados por la guerra, el miedo y el desplazamiento constante.
Escribo estas palabras con el corazón lleno de miedo por mi familia y por el futuro de mis hijos, pero sigo aferrándome a la esperanza de que haya personas que escuchen nuestra voz y comprendan nuestro sufrimiento.
Cada contribución, por pequeña que sea, puede significar para nosotros una nueva esperanza y una oportunidad para seguir adelante en estas circunstancias tan duras.
Que Dios les recompense por su ayuda y su compasión.
