Ayuda a la Familia de Marah Umm Anas
Soy Marah, madre de tres pequeños. Antes hacía pasteles para mantener a mi familia. Hoy, el dolor de mis dientes no me deja dormir ni comer, y mis hijos cargan con un miedo que ningún niño debería conocer.
Mi esposo estudiaba con la esperanza de darnos un futuro digno. Mi tío nos ayudaba con su trabajo de obrero. Teníamos una casa, rutinas, sueños. Ahora vivimos en una zona precaria, sin privacidad ni condiciones mínimas, viendo cómo nuestros hijos sufren cada día.
la historia de marah y su familia
Perdimos nuestra casa. Perdimos nuestro sustento. Perdimos la posibilidad de ofrecer a nuestros hijos algo tan básico como la escuela y la sensación de seguridad.
Hoy vivimos cerca de una zona considerada «amarilla», en un lugar muy precario, sin privacidad. Mis hijos cargan con un peso demasiado grande para su edad. Sufren emocional y físicamente. Y yo, como madre, cargo con su dolor en cada momento del día.
A esto se suma mi propio sufrimiento: tengo fuertes dolores en los dientes que a veces no me permiten dormir ni comer. Necesito tratamiento dental y prótesis, pero no tengo forma de pagarlo. Este dolor constante también limita mi capacidad de cuidar a mis hijos como merecen.
Quienes somos
Somos una familia compuesta por cinco miembros. Un padre que tuvo que dejar sus estudios, una madre que no puede trabajar por el dolor constante, y tres niños, Marah (9), Anas (8) y Sham (4) que merecían ir a la escuela y sentirse seguros.
Antes de la guerra, yo horneaba pasteles. No ganábamos mucho, pero era suficiente. Mi esposo estudiaba para construirnos un futuro. Mi tío trabajaba como obrero y nos echaba una mano. Teníamos lo esencial: un hogar, comida, la posibilidad de soñar.
Nuestra familia antes reía, compartía comidas y hacía planes. Marah soñaba con ser maestra. Anas amaba los cuentos. Sham apenas entendía lo que estaba pasando, pero ahora tiene pesadillas.
Yo solo quiero volver a mis pasteles y vivir sin dolor. Mi esposo solo quiere terminar sus estudios y darnos estabilidad. Mis hijos solo quieren ser niños otra vez.
Nuestros días transcurren entre el cansancio, el miedo y la incertidumbre. Aun así, seguimos adelante, porque no nos queda otra opción y porque creemos que todavía existen corazones dispuestos a mirar, a sentir y a mirar, a sentir y a ayudar.
Gracias por ayudarnos a seguir
Si hoy puedes abrir tu corazón y tendernos la mano, tu apoyo, por pequeño que parezca, significa alivio, dignidad y esperanza.
Donar no es solo dar dinero, es devolver un poco de humanidad en medio de tanto dolor.
Gracias por vernos.
