Ayuda a la Familia de Aya Abu Al-Ata
Hola soy Aya Abu Al-Ata, madre de 7 hijos.
Mi casa ahora es el aula de una antigua escuela medio destruida. El patio de juegos de mis hijos es un solar en medio de los escombros. Esta es mi realidad, la de Tamer, mi esposo, y la de nuestros siete hijos.
La Historia de Aya, Tamer y sus 7 Hijos
Hola soy Aya Abu Al-Ata, madre de 7 hijos.
Mi casa ahora es el aula de una antigua escuela medio destruida. El patio de juegos de mis hijos es un solar en medio de los escombros. Esta es mi realidad, la de Tamer, mi esposo, y la de nuestros siete hijos.
Antes de la guerra, la vida estaba llena de cosas cotidianas como la de cualquier otra familia. Nuestra casa, el trabajo, el cole de mis hijos, las reuniones con amigos y familiares, la comida, la higiene, el agua,… Recuerdo a Tamer, mi marido, conduciendo su taxi por las calles de Gaza. Y nuestro hogar, llenándolo de las risas de nuestros siete hijos. Eran buenos estudiantes, les gustaba nadar y hacer deporte. Teníamos una vida sencilla con las necesidades básicas cubiertas.
En estos dos años hemos tenido que desplazarnos hasta en 8 ocasiones. El miedo por la explosiones y los disparos (a pesar del alto el fuego) son una constante en nuestras vidas. Hemos pasado y seguimos pasando hambre, sed y mucho frío.
Tras el alto el fuego, intentamos regresar, pero no ha sido posible porque nuestra casa está situada en un barrio dentro de la «línea amarilla» donde Israel no deja pasar a los palestinos.
Hemos vivido en una tienda de campaña, a merced del sol y del frío, soñando con tener cuatro paredes y un techo.
Encontramos refugio en esta escuela medio derruida por los bombardeos. Hay agujeros en las paredes, ventanas sin cristales, pero hay un techo. Es lo más parecido a un hogar que hemos tenido en mucho tiempo.
Ahora, mi lucha ya no es solo por proteger a mis hijos y sobrevivir a las bombas, sino también al invierno.
Este aula es nuestra última ilusión y necesita convertirse en un refugio mínimo para una madre, un padre y siete niños. Con nuestras manos y nuestro esfuerzo estamos acondicionándola, pero necesitamos comprar cosas para poder hacerlo.
Tamer y yo solo pedimos la oportunidad de que nuestros hijos puedan pasar el invierno sin frío, con un plato de comida y un lugar seguro donde dormir.
Amamos la vida y deseamos vivir seguros. Mi sueño más sencillo es tener un aula espaciosa y un baño. Esta es nuestra vida aquí en Gaza, y este es nuestro sueño.
No tenemos ingresos y sobrevivimos en gran parte, gracias a las ayudas de Hope Palestina.
Desde aquí doy la las gracias a todas las personas que no miran para otro lado y os pido que nos ayudéis.
Cada donación se transforma en un plato de comida, ropa de abrigo, mantas o lonas para tapar las paredes. Cada donación es motivo de alegría para mis hijos.
Dona hoy y haz que no dejen de sonreír.
